GLP en Argentina: necesidad de un incremento de precio lógico para un sector que siempre cumplió

Miércoles, 17 de Febrero de 2021

Un análisis para entender la situación de las empresas del GLP respecto a otros rubros que inciden fuertemente en la economía familiar.

El reconocimiento de los mayores costos y la mejora para el fraccionado y la distribución de GLP envasado son primordiales y esenciales para la supervivencia de las empresas que totalizan inversiones de capital por unos 750 millones de pesos al mes, según cálculos de la Cámara de Empresas del Gas Licuado de la Argentina (Cegla).

Si el objetivo del Gobierno es ofrecer una energía económica, como lo es el GLP envasado en cilindros de 10, 12 o 15 kilos, a las familias de menores ingresos, es una iniciativa muy loable. Sin embargo, esa situación no se tiene que sustentar en las espaldas de las empresas, que por reconocerles su esfuerzo y trabajo terminan siendo flacas y con escasas chances de sobrevivencia.

El reconocimiento de un nuevo valor o un posible horizonte de precios es necesario para dar una perspectiva en el mediano plazo a la inversión, a la seguridad del producto vendido y a la estabilidad de las empresas. También sería un punto de reconocimiento a un sector empresario que no le escapó al desafío de distribuir gas en medio de la Pandemia del COVID 19 durante el año pasado. No hubo escasez ni precios abusivos.

Si bien el aumento del 24% que se dio en octubre pasado, dividido entre los diferentes eslabones de la cadena del GLP, fue bien recibido, pero con el correr de los meses terminó teniendo sabor a poco.

Es bueno contextualizar la solicitud de incremento en estos momentos, en el contexto de los costos que tiene el sector como del rol que juega en la economía familiar de los sectores de menores ingresos.  

Si entendemos que en 2020 la inflación fue del 36,1% y la variación del dólar de enero a diciembre, fue del 41%, vemos que lo que se otorgó en octubre del año pasado, un 24%, no pudo seguir ninguna de estas dos variables que inciden de manera quirúrgica en la estructura de costos de las empresas.

Ese 24% quedó lejos del 90% más que costó comprar las computadoras y sus periféricos para las oficinas. También, para poder comprar indumentaria de trabajo (ropa y calzado), que presentaron un incremento del 50%. Incluso, a la hora de renovar la flota, la cuestión está más que difícil: renovar un vehículo de transporte varió un 55% más. Cuando los empresarios del fraccionado y la distribución se sientan a la mesa de discusión a solicitar un mayor incremento, saben muy bien porque lo hacen.

Sin dudas que el precio de la garrafa en 2020, con o sin aumento, fue un energético económico para las familias de menores ingresos frente a otros consumos vitales como el alimentarse. La actualización del gas envasado quedó lejos de otras subas importantes que hubo 2020, por ejemplo, en la carne que se pagó entre un 50 y un 80% más, según los cortes; mientras que las frutas y verduras entre el 90% y el 180%. El azúcar, otro insumo diario, también aumentó el 50%. Todas subas por encima de la inflación y la devaluación.

En esos contextos de aumentos, el sector del GLP jugó en favor de la competencia y en mantener precios lógicos, sin aprovecharse de ninguna circunstancia especial como sucedió en otros rubros.

Lo que resulta injusto para la industria del GLP es que en esos rubros (donde los incrementos no se entienden) la severidad de la administración pública no es similar a la que ocurre en la cadena del GLP. Lo que nos lleva a decir que hay rubros que aumentaron por encima de la inflación y la suba del dólar, sin que por ello el Estado haya hecho mucho (o no alcanzó) para defender los bolsillos de los consumidores.

Pensar que una suba del 10% o un poco más pueda sonar lógica, como se piensa para otros servicios como la electricidad o el gas por red, es una idea descabellada. Esos servicios vienen de recibir incrementos del cuatrienio 2016-2019 de entre el 2000 y el 3200%. Mientras que en el mismo periodo el precio de la garrafa sólo varió en un 236%, un porcentaje similar a la inflación en esos cuatro años. Y en cuanto a la comparación con la dolarización de los insumos, los incrementos dados al GLP perdieron por goleada.

Tal vez no hará falta poner un súbito aumento que lleve alarma, pero el horizonte de valores en el mediano plazo pueda recomponer márgenes para un sector, que siempre cumplió.